DIARIO VASCO

«Donostia me recibió en grises. Ahora yo practico con esos tonos»

Tiene obra expuesta y coleccionada en Nueva York y New Jersey. Escribe, pinta y cuenta historias. Quiere quedarse aquí

BEGOÑA DEL TESOMiércoles, 11 noviembre 2009, 09:26

Igor pinta sobre su cama uno de los 'muros de tablas' que se expondrán en Berlín. /USOZ/

Igor pinta sobre su cama uno de los ‘muros de tablas’ que se expondrán en Berlín. /USOZ 

Era uno de los representantes oficiales del pabellón de Nicaragua en la Expo de Zaragoza pero le retuvieron durante tres días en Barajas y le voltearon a su país hasta que comprobaron sus credenciales. Amigo de Ernesto Cardenal, poeta, político, guerrillero, le cursaron invitación para afincarse en Valencia pero prefirió quedarse en San Sebastián. Conquistador, se ha echado novia en serio, una artista del collage, y va haciéndose amigos de verdad: el gran golfista Pérez Beraetxe, el padre Patxi o Andrés San Martín, el como él le llama. Sabe que el café de Nicaragua lo desean en Colombia. Y que en su tierra se planta parte del tabaco con el que se hacen los habanos cubanos. Ha expuesto en el mítico bar Bay Bay.

– ¿Qué es un ‘muro de tablas’?

– En mi país, en mi patria chica, la ciudad de Somoto, las calles lindan con el campo. La gente tiene allá sus huertas, sus sembrados, sus cochinos. Sus árboles frutales. Los separan de la ciudad con lo que ustedes llaman y nosotros . A veces los puercos se escapan entre las tablas rotas. A veces los hortelanos dejan entre los tablones cestas cargadas de fruta para que la coman los que pasan cerca. Los árboles están tan cargados de mangos, de plátanos, que todo el mundo estira la mano y los arranca. También los chavales cuando íbamos al colegio. Llegábamos a clase, ahítos de fruta y con el uniforme teñido y pringoso de jugo y pulpa.

– Usted prepara una colección de ‘muros de tablas’ que se expondrán en Berlín.

– Trabajo, efectivamente, en colecciones, en series. Creo que de esta me apetece hacer unos cincuenta cuadros, cincuenta historias. La del cochino que escapó por la empalizada, la de los colegiales, la del agricultor que dejaba la cesta cargada de fruta… Cuadros grandes que pinto en la cama de nuestro piso-taller-estudio,

– ¿Y la historia de Donostia en gris?

– Yo carecía del conocimiento de ese color, de los matices del gris, hasta que llegué aquí. Bueno, tenía conocimiento intelectual pero no real, pero no vital. Donostia me recibió con sus grises y ahora yo estudio, uso, pruebo y practico esos tonos con mis pinceles.

 ¿Dónde queda su patria chica, Somoto, y quiénes eran los choroté?

– Es la capital del departamento de Madriz. Hay un cañón cien veces milenario. Carlos Mejía nació allá. Dicen que en mi tierra sabemos cómo derrocar dictadores.

 Bonita sabiduría. Yo creía que esas tierras habían sido de los miskitos. Usted habla de los chorotés…

– Es verdad que son más de la Argentina pero en Nicaragua andamos todos muy mezclados. Fíjate cuánto, que al norte hubo asentamientos vascos muy fuertes. Hasta que no me vine para aquí no sabía yo que tantos y tantos apellidos que me eran familiares allá resultaban ser de esta tierra. En cuanto a los chorotés, no son los mayas o los aztecas pero fue un pueblo regio que cuando se mezcló con unos y otros fue dejando su marca en nuestros genes. Ese bronceado que aquí ustedes consiguen en la playa o con cremas, es en nosotros natural: piel canela. Y ese culito bien formado de nuestras mujeres, es choroté.

 Cuénteme de esa historia del beso en la época de Fray Junípero.

– En muchos lugares precolombianos se desconocía el beso en la boca. La boca era para hablar y para comer. A la mujer casada se le besaba en el pecho y al hombre el pene de manera casi ritual. Porque para nuestros antepasados en el semen y en la leche materna estaba el secreto de la vida.

España prohibió ese rito, seguro.

– Por supuesto. A pesar de que los indios argumentaron con gran sabiduría la razón de esos besos.

 ¿Volvemos a hablar de pintura?

– O de los expositores de las perfumerías.

 ¿?

– Los recojo cuando los tiran a la basura. En todos hay modelos hermosísimas en poses seductoras. Yo los manipulo, los retoco, intervengo sobre ellos con telas y texturas. Serán otra de mis colecciones.