LA OBRA DE IGOR CORRALES:

todo un culto a su identidad centroamericana

Igor Corrales forma parte de esos artistas emergentes de finales del siglo 20 que sucedieron a la generación anterior compuesta de Armando Morales, Alejandro Aroztegui, Bernard Dreyfus (Nicaragua), Cándido Portinari (Brasil), Amelia Peláez, René Porto-Carrero (Cuba), José Clemente Orozco (México), Rodolfo Abularach (Guatemala), Oswaldo Guayasamín (Ecuador) que ya se distinguieron por su genuina vena artística de la Escuela Libre Latinoamericana, de la de Europa.


Así es como el Maestro Igor Corrales, pese a los avances tecnológicos, las nuevas corrientes y fantasías artísticas contemporáneas, en las que él participa – como por ejemplo el Body Paint, forma de arte con el que Igor Corrales reanuda exaltando los orígenes precolombinos y los ritos consagrados a las pinturas corporales de los indios – nunca deja de ser un artista que renuncia a sus raíces ancestrales de la Cultura Maya con la que creció, aprendió a ser y vivir.


I) SUPREMACÍA DEL TEJIDO DE LA CULTURA MAYA Y SU AMERICANIDAD

Si nos fijamos en las distintas producciones de Igor corrales, nos percatamos enseguida de su especificidad y originalidad, sea por los colores vivos, intensos y contrastados, por el personaje central como la Madre Naturaleza que impera en muchos de sus cuadros: “Érase una vez un bosque de Somoto”, oda al bosque de Muzunce de su infancia por la figura materna o femenina “La Pachamama” con curvas generosas que constituye el pilar mayor de la célula familiar Maya, en numerosos de sus bustos… sin olvidar todo el respeto y culto a las creencias de sus antepasados Mayas con la escultura de un loro, símbolo de la sabiduría de aquella civilización ancestral. 


Muchas de sus obras, telas, litografías, serigrafías, cerámicas, esculturas, abrigan bajo formas alegóricas variadas a esa Naturaleza Nodriza que alimenta al hombre, como lo subraya la colección de bodegones “Frutas” que el Maestro creó declinando papayas, guayabas, mangos y aguacates, hace algunos años en su tierra de Nicaragua. Pues esa Naturaleza no solo da alimento sino que también viene sacralizada como lo plasma su colección “Árboles”, arcoíris de distintos colores de árboles que simbolizan el árbol de la vida, el equilibrio del ecosistema natural así como la sucesión de generaciones que componen la Humanidad.
De allí la idea de que siempre Madre Naturaleza aporta, provee y reina en Dama Maestra a quien los hombres cuidadosos de Ella, la protegen además de sentir veneración.


II) SUBJETIVIDAD CON EL PRISMA DE UNA EUROPA “LATINOAMERICANIZADA”

Pese a los diferentes viajes por distintos países y continentes, la huella latinoamericana permanece arraigada en la obra de Igor Corrales. En efecto su colección “Barcos y Astilleros”, concebida en San Sebastián, País Vasco, España, armoniza esa mirada centroamericana con la realidad objetiva europea. Como lo afirmó el mismo Maestro, hablando de los colores de la ciudad de San Sebastián llegar allí: “Aquí domina el color gris y yo aporto otros colores que son los de mi país”. Hace desfilar en su colección “Barcos y Astilleros” tonos naranja, rosa, amarillo, verde que pintan a la vez cielo y mar destacados y confundidos, un tejido de matices insólitos para un entorno marítimo europeo.


Es un mestizaje sinfónico, disonante de embeleso ese hilvanar de formas marinas estilizadas en abstracción, ostentando reflejos de sí mismas para llevarnos, en vértigo barroco, con esos tonos frutales, florales, pura esencia lírica de un prisma mágico, a un mundo interior natural, colorido, exuberante de fantasía realista multicultural, contemporánea del siglo 21.  

                                                Septiembre 2019

Michèle Stadnik  
Profesora graduada en Ciencias Humanas y Filología Castellana

La Sorbonne, París 4.